Sonic The Hedgehog – Análisis

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Plataforma: SEGA Mega Drive

Género: Plataformas

Año: 1991

Hablar de Sonic, el erizo, es hacerlo sobre uno de los mayores iconos de los videojuegos de todos los tiempos. A pesar de los años y de muchísimos títulos que no han sabido respetar sus memorables orígenes, cada nueva entrega se sigue esperando con expectación. Desgraciadamente en la mayoría de los casos para realizar valoraciones negativas más que positivas.

La velocidad es nuestra mejor amiga

La velocidad es nuestra mejor amiga

En esta entrada analizaremos la primera entrega, aquella que se lanzó para Mega Drive, la videoconsola de 16 bits. Titulado “Sonic The Edgehog”, SEGA pretendía con el lanzamiento rivalizar contra el título insignia de Nintendo, Super Mario Bros. Si nos situamos a comienzos de los años 90, la guerra entre SEGA y Nintendo no había hecho más que comenzar y la primera piedra de toque fue el título que hoy comentamos.

Si Super Mario Bros. era una gran saga de plataformas y su protagonista alcanzaba altas cotas de popularidad, SEGA decidió que ellos también podían lanzar su propio título mayúsculo de calidad en el género plataformero.

Lo primero de todo fue diseñar a nuestro protagonista y envolverlo en un ambiente de naturaleza contra tecnología, en el que lo industrial y mecánico representarían el mal, personificado en un científico loco, Mr. Eggman, que pretendía convertir a todas las adorables criaturitas del mundo en repelentes máquinas destructivas.

Debe pagar por sus pecados

Debe pagar por sus pecados

Es aquí cuando Sonic, el erizo más rápido de la historia, entra en escena y a base de saltos imposibles, giros y más giros a velocidades de vértigo va a poner las cosas en su sitio y a volver a equilibrar la balanza a favor de la naturaleza.

La idea de trasfondo subyacente es claramente ecologista, una muestra más de que no solo pretendían crear un juego divertido y adictivo, sino que además se pretendía transmitir un mensaje para los más jóvenes del hogar.

Nuestro erizo es rápido y mola, mola muchísimo. Gracias a ese pelazo echado hacia atrás, el azul oscuro de su piel brillando allá donde vaya y las inconfundibles zapatillas rojas, logra dar un toque  novedoso y con flow.

Para buscar la esencia del juego recordad estos dos conceptos: velocidad y control. Al igual que un famoso eslogan de neumáticos nos dice que la velocidad sin control no sirve de nada, aquí comprobamos que Sonic luce un control sobre sí mismo exquisito y ello hace que las sensaciones una vez cojas el mando sean de puro gozo.

Las primeras etapas nos guían por sencillos caminos en los que hacernos con las mecánicas y el manejo. En los compases iniciales disfrutaremos de lo que somos capaces de lograr con un poquito de habilidad y reflejos, ya que podremos realizar saltos, ataques y evitar los peligros a una velocidad que hasta entonces era imposible e inimaginable por los jugadores. Sonic logró transmitir velocidad a los plataformas, un género que tendía a ser de habilidad, pero sin agobios; lo importante era saber el siguiente paso a dar. Es aquí cuando la innovación de SEGA nos hizo querer y desear meter una marcha más en la acción.

Una vez superadas las etapas del comienzo, la curva de dificultad se va ajustando hasta hacernos descubrir la otra cara de la moneda; correr y correr solo conduce a la muerte. Debemos actuar con cuidado, ser rápidos cuando hay que serlo y frenar cuando es debido, cualquier salto mal calculado es una derrota en el camino hacia el éxito.

Cada rincón esconde un peligro

Cada rincón esconde un peligro

Otro punto a destacar es su simplicidad. No existen compañeros ni otra clase de ayuda, eres tú contra un chiflado. Para complicar aún más la aventura, al final de cada etapa Eggman sacará a relucir uno de sus nuevos “juguetitos” con el que poder matarte. Actualmente existen tal cantidad de personajes y mecánicas diferentes en el universo de Sonic que se agradece el no tener que pensar y simplemente dejarte llevar por lo que vas encontrando según avanzas; el camino es la verdadera esencia de la diversión.

Gráficamente el mayor halago que podemos decir de él es que sigue siendo hermoso. Empezar y contemplar los preciosistas entornos pixelados te harán sonreír sin poder aguantarte. En cuanto a la paleta de colores, siendo una de las debilidades que mostraba Mega Drive con respecto a su rival Super Nintendo, sabe como ocultar sus puntos flacos y deslumbrar tanto en las etapas de entornos naturales como en los industriales.

En cuanto a la música resulta fresca y marchosa, adaptada al entorno que vemos en pantalla y reforzando todo aquello que podemos visualizar. A día de hoy se realizan remixes y nuevas versiones de estos mismos temas, así que algo especial tienen que tener.

Su duración en esencia es breve, ya que se puede completar en 3 horas, pero el reto de descubrir el verdadero final, se logra consiguiendo las esmeraldas del caos en las fases bonus, y la dificultad progresiva que vamos sufriendo, hacen que no lo sientas como un título escaso de contenido. Es totalmente rejugable y termina por engancharte y picarte.

Un acierto las fases bonus

Un acierto las fases bonus

Un inicio genial para una apuesta ganadora de SEGA, dando origen a un estandarte en la industria. Si algún día creas un juego de plataformas digno y veloz, podrás sentirte orgulloso si te lo comparan con este título.

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9.3 Indispensable

¿Te consideras un gamer con criterio para hablar de glorias pasadas? ¿Eres un jugador casual que pretende disfrutar de un entretenido y frenético juego protagonizado por un erizo? Cualquiera de las respuestas carece de importancia; debes probarlo antes de morir, ese es tu deber.

  • Gráficos 9
  • Sonido 9.5
  • Duración 8.5
  • Jugabilidad 10
  • User Ratings (0 Votes) 0

About Author

Jugador incansable y amante de los hack slash. Cofundador de Gamepong y administrador de la web. Lema: "Nunca es suficiente".

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